Los padres deben buscar tratamiento cuando ven en sus hijos características como las siguientes: Baja autoestima, sentimientos persistentes de tristeza, ansiedad de separación, sensación de ineptitud, desesperanza o desamparo, pérdida del interés por las actividades habituales o placenteras, dificultad en las relaciones afectivas (familiares, amigos, etc.), problemas del sueño (ejemplo: insomnio, terrores nocturnos, pesadillas, etc.), dificultades en el control de esfínteres, cambios en el apetito o en el peso, disminución de la energía, dificultad para concentrarse, pensamientos suicidas o intentos de suicidio, irritabilidad, hostilidad, agresión, conducta rebelde frecuente, reducción significativa en el rendimiento escolar, negarse a asistir al colegio o participar en actividades familiares o escolares, preocupación y ansiedad excesiva, abuso de sustancias (alcohol y drogas).